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Hasi zaitez

Kontzientzia arazoak

Goizeko bederatziak ikastolako atarian. Bubuzelak, esku formako txintxirrin gorriak… Coca Colak eta Athleticek esponsorizatutako paro sindikala. 

Gizon bat atera da auzoko etxola baten leihora: Ya está bien, me vais a despertar a la niña. Begirada iheskor eta axolagabeak, eskaini gabeko barkamen eta azalpenak. Nirekin pankarta eusten zuen lankide batek: Ay, papa, que me va’a quemar el colegio. Barre konplizeak nire inguruan. 

Zentzu askorik ez zuten hitz batzuk marmarka jaulki ostean, nire tokia libre utzi dut pankartaren atzean, “borroka” kide horiekin paro gehiagorik ez egiteko asmo sendoaz. 

Arratsaldeko eskola batean, ikasleenak nola, nire begiradak ihes egin du leihoaren beste alderantz. Aspaldi kareztutako horma zuriaren kontra, faralaes soineko ñimiño bat bereizten da koladaren artean. Pankarta utzi nuen uneko nire hira eta lotsa aurpegia bezain gorria. 

Kolorezko sugar horri esker jabetu naiz, nire zalantzek eta ezinegonak funtsa zutela, alegia. Bando ezegokian nengoen. Nahiago dut eskirolaren disidentzia labainkorra, arrazakeriaren konplize baino. 

Alba Algarabia

Bilbon, 2018ko ekainaren 1ean

Ma quarantaine

Hona hemen nire Frantseseko ikasleekin (eta Gabriel Aresti ikastetxeko zenbait irakaslerekin!) egindako zenbait lan, konfinamendu osoan zehar (2019-20 ikasturteko azken hiruhilabetean). Bertan, bakoitzaren bizipenak zein deseskaladaren gora beherak islatuta geratu dira. Memoria kolektiborako sormen lan ederrak!

Le Petit Prince AUDIOLIBURUA (egin klik)

¿Quién soy yo en movimiento?

Soy Alba.

Soy movimiento y quietud.

Soy el gesto con el que nací: los fórceps, la palmada en el culo, la boca abierta para respirar.

Soy una cadera inmovilizada por una ortopedia.

Soy lo que traje al mundo y lo que aprendí.

Soy lo que me dejaron moverme y lo que me permití.

Soy una corporalidad en constante mutación.

Soy sabiduría reconciliada con mi patrón.

Soy alegría cuando me salgo del cajón.

Fui otras,

soy muchas

y seré más.

Soy yo.

Bilbo, 15.02.2020*

*Escrito en el taller Animal, impartido por el colectivo Poesía en Movimiento (Vane & Isa).

Fotograma de la filmación del taller de danza afro impartido por Valentín Rodríguez, para un maravilloso vídeo que montó después la autora, y también bailarina, Maitane Serralde.

Para mí la menstruación es…

… mi calendario

El que me indica cuál es el mejor momento para ser audaz y experimentar en el aula o el amor, o subirme a un escenario a contar cuentos eróticos.

El que me aconseja cuándo viajar o cuándo es mejor quedarme en casa.

El que me susurra al oído: demasiados actividades esa semana, nena: recuerda que estarás premenstruando…

El que observa las lunas, como mi alma mora.

… mi medicina, o mi doctora de cabecera

Pero una doctora rebelde, que tras años de doparme, anularme, silenciarme… se declaró objetora, insumisa, y ahora me invita a vivir mis ciclos naturales y a sanarme a través de ellos.

Esa misma que me prepara un agüita de caléndula para el dolor menstrual, mientras mete el saquito de semillas aromáticas en el horno.

La que me ayuda a planificar mi dieta en función de mis ciclos. Hace años que me privé de harinas, azúcares y lácteos durante la premen y la fase menstrual, y chau a la maldita cándida.

Aquella que, además de nutrirme, me compra braguitas de algodón, compresas de tela e incluso ese maravilloso artilugio que revolucionó el cuello de mi útero y hasta mi arte: ¡la copa menstrual!

… mi psicoterapeuta

La que cuida de mi coquito junto a las anteriores, mostrándome cómo respetar y hacer respetar mis tiempos, cómo ponerme a mí y a mi salud por delante de todo(s) lo(s) demás.

Esa que me ayuda a perdonarme, cuando algunas arquetipas que me habitan me impiden gestionar mis emociones airosamente.

Aquella que me presentó a mi niña interior y me enseñó a maternarla.

La que me anima a mirar atrás, para comprenderme y felicitarme; a mirar hacia delante, para proyectarme navegando mi propio barco; y a mirarme los pies en el presente, las manos firmemente agarradas al timón, mi timón.

… mi guía espiritual

La que me recuerda que, como cuerpo cíclico, formo parte de la naturaleza, de un todo.

Según el día, le llama cosmos o pachamama o internacionalismo, pero las palabras le dan igual, en el fondo.

Ella habla todas las lenguas y ninguna al mismo tiempo. Habla la lengua del jaguar y la del río, la lengua de la vecina que emigró de un país lejano y la del vecino trans que también menstrúa.

Es la puerta que se abre a la empatía y el cuchillo que se hunde en mis carnes en cada duelo. Y es la pluma que empuño como un fusil para despertar a mi pueblo, ese gran útero medicalizado.

PARA MÍ LA MENSTRUACIÓN ES…

… MI BRÚJULA

NOTA DE LA AUTORA Este texto nace como tarea de nuestra profesora Ziortza Karranza, en el marco de la formación de Monitores de Educación Sexual y Orientación Familiar (Escuela de Sexología Gurenduz). Todas las ilustraciones son propias. Las primeras tres, creadas especialmente para este texto con lápices de colores. Para la tercera de los ovarios, me he inspirado en una ilustración de Maria Hesse, de su maravilloso libro El placer. Y la última es de julio de 2019, cuando ilustré un manifiesto mío que aún no he publicado, pero que se titula Animal, vegetal, mineral. Es arte menstrual y simboliza mi despertar tras descubrir la cosmovisión mapuce (se lee /mapuche/, pueblo originario del sur de los Andes). Lo realicé con mi primera sangre tras regresar de mi viaje por aquellas tierras ancestrales. Cuentan que las maci /machi/, autoridades médicas y espirituales del pueblo mapuce, decoraban sus kultrunes (tambores) con su menarquia.

Alba Algarabia

Bakio. 31.03.20

Celobragas. La pasión de Albarota

A R., cinco años después

―¿Que no estáis contentas con vuestra vida?― farfulló Albarota, mientras se quitaba de la boca una pinza amarilla.

―Hasta el coño estamos, guapa― contestaron al unísono unas voces estridentes y enfadadas.

Siempre le dejaban presidir la mesa. Así podían quedarse bien con su cara y seguir odiándola horas más tarde. Las cenas siempre eran en su casa. La mesa, como no podía ser de otra manera, siempre estaba decorada con mucho gusto.

Era tan odiosamente perfecta que se podía permitir cenar con el delantal puesto y el pelo recogido con una triste pinza de plástico.

―Pues yo me siento mejor que nunca. Me están sentando bien los cincuenta― prosiguió Albarota.

―Los cincuenta no sé, pero el pollo al curry cada año te queda más rico― replicó Mari Carmen.

Todas rieron, pero ella, indiferente, contestó con un «Gracias, joya».

Con el orujo aún calentando sus pechos, Albarota despachó a sus amigas rápidamente. Le había escrito su última conquista: había acabado su turno y estaría en veinte minutos en su casa. Era un bombero madurito que lucía su buzo a medio vestir en el calendario que aún colgaba de la cocina de muchas de ellas, detrás del de la caja de ahorros.

Mientras esperaban al taxi, desplumaron a la bella Albarota.

―Cada día da más asco esta tía. ¡Qué suerte tiene la cabrona!― se desahogó Pilar.

―Y ahora con el bombero ese. Yo que hasta me he imaginado alguna vez que me lo tiraba mientras echaba el polvo de rigor con Pedro― confesó Candela.

―Chicas, lleváis toda la vida poniéndola a parir, pero no faltáis a una cena ―objetó María.

―Cambiando de tema… ¿alguien quiere lotería del viaje de estudios de mi chiquillo?

Albarota se despertó sola al día siguiente. El bombero le había dejado una nota: «He ido a recoger a mi hija al aeropuerto. Hablamos.»

No quedaban naranjas y bajó a tomarse su zumito de rigor a la degustación de la esquina. Cuando fue a pagar, se dio cuenta de que se había dejado la cartera en casa. Pidió disculpas al camarero y volvió a su apartamento a recuperarla. Cuando llegó a la puerta, rebuscó en el bolso desesperadamente, pero sin éxito: tampoco estaban las llaves. Le entraron ganas de llorar, pero consiguió reponerse y volvió de nuevo a la degustación.

―Hoy no es mi día. Me he dejado las llaves dentro de casa. A la tarde te pago.

―No te preocupes, mujer― la tranquilizó el camarero―. Con este viento sur andamos todos como locos.

―Ni que lo digas. Voy a usar un momento el servicio y después salgo pitando. Solo me faltaba llegar tarde al trabajo.

Mientras se subía los pantalones, se le enganchó la pulsera en las bragas de encaje. Agotada totalmente su paciencia, tiró fuertemente de la muñeca y rajó la prenda por completo, quedando toda su cadera derecha al descubierto. Entonces reventó y lloró toda la rabia que se puede acumular en una mañana que ha empezado con muy mal pie.

Finalmente, consiguió abrocharse los pantalones mientras se bebía los lagrimones. Se retocó el maquillaje con un trozo de papel higiénico y al fin salió del baño para componer su mejor sonrisa ante el camarero.

―¿No tendrás celo por ahí, verdad? He tenido un pequeño percance, ahora te lo devuelvo.

―Lo que haga falta, guapa.

Volvió a encerrarse en el baño y unió como pudo los dos extremos de sus braguitas rajadas.

Al menos la tarjeta del metro sí que estaba en su bolso. Además, fue llegar y besar el santo. Solo llegaría un par de minutos tarde a la oficina.

Su cara se desencajó de nuevo cuando al fichar vio el cartel recordatorio que rezaba:

NO OLVIDÉIS QUE HOY A LAS 10 COMENZARÁ LA REVISIÓN MÉDICA

EN LA SALA JUNTO AL COMEDOR

Y entonces recordó: «¿Que no estáis contentas con vuestra vida?», «Hasta el coño estamos, guapa».

Alba Algarabia

Fika* (Bilbao), 18 de diciembre de 2015

Escrito en el taller de escritura creativa y relato de Bego & Marisa en el local de Mujeres del Mundo. De ahí el título, regalo de alguna colega escrivibidora…

Lugar mágico, profes magas y grupo cósmico… Nos seguimos la órbita literaria y vital.

Solidaridad de clase

A les trabajadores muertos en accidentes laborales en Euskal Herria en lo que va de año, incluidos los dos trabajadores del vertedero de Zaldibar

([posdata] y a todas aquellas personas que contrajeron coronavirus laburando)

Y a Bruce LaBruce*

Yo soy muy del pueblo. Voy por la vida con gran orgullo obrero, como buena nieta de la Margen Izquierda.

Por eso me conmuevo cada mañana cuando veo a los operarios trabajando en la carretera desde tan temprano.

Hay uno, en especial…

Le ha tocado la tan indigna labor de semáforo humano. Ahí está, haga el tiempo que haga, a las siete de la mañana, sujetando la señal de stop o la que toque.

Y en esta época, que hace tanto frío…

Se me ocurren varias formas de templarle las manos. Una sobre cada una de mis nalgas, calientes de esperar sentada frente al volante a que cambie el semáforo. Los sobacos me encantan como calefactor, pero son un poco ñoños. Dada la vulneración a sus derechos laborales y a la integridad física de su persona, creo que mi entrepierna le iría mucho mejor.

Se me cala el coche solo de pensarlo…

Demasiado a menudo, le veo discutir al walkee talkie con el semáforo humano del otro lado del tramo de carretera cortado. O podría estar insultándole al jefe… Aunque esta opción en la que se suman deseo proletario con empoderamiento me guste mucho más, no soporto verlo tan nervioso, tan enojado, antes de rayar siquiera el alba.

Fantaseo con bajarme de la furgoneta, acercarme, tirarle el walkee talkie a tomar por culo y meterle mi lengua en la boca, para después lamerle toda la cara. Y que todos los coches que esperan en la cola comiencen a pitar.

Y qué piten y piten, que yo estoy ayudando al pueblo.

Alba Algarabia

Bakio, 14 de enero de 2020

Ilustración de Alba Algarabia

* Gurenduziluses, si habéis hecho los deberes de febrero de ZK y habéis visto la peli Gerontofilia de Bruce LaBruce, fijaos en mi ilustración y comprenderéis la dedicatoria. Qué conste que mi texto y dibujo fueron anteriores al visionado, ¡pura sinergia eróticotransatlántica!

INCLUIDO en mi Antología colectiva de poetas contra el capital… y en mi futuro fanzine erótico Topless egiten zuen baserritarraren eromemoriak.

Antología colectiva de poemas contra el capital

Nire aitari,

bere mezuarengatik ez balitz
oharkabean igaroko baitzen aurtengo
Poesiaren Nazioarteko Eguna

Alba Algarabia
Bakion, 2020ko martxoaren 21ean
Ediciones Lupercalia, 2014
No sólo nos definen
las guerras que peleamos
el enemigo que elegimos
sino también la enfermería
el hogar donde curar heridas
el médico que nos cose
y su hilo.
La poesía es la convalecencia
a la que apostamos la salud.

Ana Pérez Cañamares

2012ko martxoaren 29ko Gazte Iraultza

Catherine Hakimi

Kapitalaren bat
suntsitu behar badugu,
ez dadila izan
erotikoa.

Alba Algarabia

Bakio, 2020.01.16

Diecinueve

Criar, acompañar, cuidar, alimentar, mimar, enseñar. Todos verbos de amor, todos relacionados con la madre. No hay en una sociedad labor más importante que esa. Eso es lo que hacen las ecuatorianas en España… Cientos de mujeres que dejaron a sus hijos y a sus padres allá, acá crían a los niños y cuidan a los abuelos.

Todo el amor de la caricia que no puede cruzar el Atlántico se queda aquí, porque por Western Union aunque se quiera no se puede mandar amor.

El pasado y el futuro de España en las manos trabajadoras de las mujeres ecuatorianas… Si hay algo más admirable en este mundo que esa labor, yo no la conozco. Y sin embargo… sí explotación, mala paga, trabajo en negro, cuasi esclavitud, menosprecio, sí, todo eso.

María Fernanda Ampuero

Fanzine de Ácidas Ediciones (Montevideo)

Directiva

Ojalá no hubiera frenado a mi mano (deseosa de tocarte) por pensar que el despertador sonaría a las 6:00

Texto de María González Reyes e ilustración de Virginia Pedredo Boceta

Cabina telefónica 1975

El exilio es tener un franco en el bolsillo
y que el teléfono se trague la moneda
y no la suelte
-ni moneda, ni llamada-
en el exacto momento en que nos damos cuenta
de que la cabina no funciona.

Cristina Peri Rossi

Fanzine de Ácidas Ediciones (Montevideo)

Solidaridad de clase

A las personas muertas en accidentes laborales en Euskal Herria
en lo que va de año, incluidos los dos trabajadores del vertedero de Zaldibar
y la enfermera muerta por coronavirus

Y a Bruce LaBruce

Yo soy muy del pueblo. Voy por la vida con gran orgullo obrero, como buena nieta de la Margen Izquierda.

Por eso me conmuevo cada mañana cuando veo a los operarios trabajando en la carretera desde tan temprano.

Hay uno, en especial…

Le ha tocado la tan indigna labor de semáforo humano. Ahí está, haga el tiempo que haga, a las siete de la mañana, sujetando la señal de stop o la que toque.

Y en esta época, que hace tanto frío…

Se me ocurren varias formas de templarle las manos. Una sobre cada una de mis nalgas, calientes de esperar sentada frente al volante a qué cambie el semáforo. Los sobacos me encantan como calefactor, pero son un poco ñoños. Dada la vulneración a sus derechos laborales y a la integridad física de su persona, creo que mi entrepierna le iría mejor.

Se me cala el coche solo de pensarlo.

Demasiado a menudo, le veo discutir al walkee talkie con el semáforo humano del otro lado del tramo de carretera cortado. O podría estar insultándole al jefe. Aunque esta opción en la que se suman deseo proletario con empoderamiento me guste mucho más, no soporto verlo tan nervioso, tan enojado, antes de rayar siquiera el alba.

Fantaseo con bajarme de la furgoneta, acercarme, tirarle el walkee talkie a tomar por culo y meterle mi lengua en la boca, para después lamerle toda la cara. Y que todos los coches que esperan en la cola comiencen a pitar.

Y qué piten y piten, que yo estoy ayudando al pueblo.

Ante todo, hay que ser solidaria con el proletariado.

Alba Algarabia

Bakio, 14.01.2020

Ilustración de Alba Algarabia

Cajera de supermercado

Has faltado a la cita y te imagino subiendo con la bici la cuesta de adoquines. No me hace falta cerrar los ojos para pensarte así. Casi oigo tu respiración ligeramente acelerada, al llegar arriba.

Tengo ganas de romper algo. De coger la caja de música, la gallina de madera y el libro aquel y estamparlos contra el suelo. Delante de ti, para romperte. Destrozar las cosas para tratar de mantenerme en pie, para no desaprovechar las pocas energías que consigo recolectar con el descanso nocturno. Te espero en el andén, dijiste. Y quiero tirar uno tras otro todos tus mensajes, quiero arrojártelos a la cara.

Detrás de los códigos de barras que paso monótonamente por el lector tú descubriste un ritmo melódico. Me viste sin importarte que no hubiera ido a la universidad y sin hacer caso a tus amigos progres, que no se atreven a criticar a los inmigrantes ni a los gitanos, pero sí a las chicas de barrio que fuimos a institutos de la periferia en los que se empezaba a fumar a los 12 y a follar a los 15.

No es culpa tuya faltar a la cita. Sabes que te voy a decir que te dejo. Conocí a otro en el trabajo. Menos refinado que tú, menos aficionado a la lectura, con menos capacidad de preguntarme cómo me siento. Pero no te dejo por él, te dejo por mí. Demasiadas clases en el insti donde sentirme humillada, demasiadas mañanas de pellas con porros y pipas en la plaza, demasiadas noches de polvos sin correrme y demasiados años viendo a mi madre agachar la cabeza para fregar, agachar la cabeza para decirme que no había dinero en casa, agachar la cabeza para dirigirse a mi padre.

Es complicado imaginarme de OTRO MODO

María González Reyes

Libros en Acción. Editorial de Ecologistas en Acción (2016)

Capitalismo

El hombre seboso y trajeado se cuela en nuestra cama cada noche
después de follarse al universo viene a susurrarnos nanas
su obsesión por nosotros no descansa nunca
en nuestros sueños nos persigue
con su disfraz de perro, de vendedor, de cura
de espiga de trigo, de pistola en el bolsillo
su disfraz de muerte, su disfraz de vida
sé que tú le gustas con ojeras
yo le pongo cachondo cuando estoy cansada
me quiere flaca aunque me tienta con chucherías
y a ti elegante aunque te duelan los huesos
me empuja a emborracharme pero no por diversión
sino para olvidar
que mis horas de ocio se cierran siempre con balance negativo
cuando estamos a punto de enfermar por agotamiento
nos premia con unas vacaciones
y nos tiende los billetes como el cazador
lanza un hueso al galgo que ahorcará mañana
me instiga a desear cosas que no necesito
aunque él nunca tiene para mí un regalo
dice que mis enemigos son aquellos
que quieren lo mismo que yo
porque no hay bastante
nunca hay bastante para todos
y nos cobra por lo que no es de nadie
por el agua de lluvia
por el sol y la arena
por los claros del bosque
y los manantiales
secuestra a mi amor durante 10 horas cada día
y cada día me lo devuelve más viejo
con sus brazos lascivos abraza a mi hija
y yo grito ¡huye!
-he visto los primeros signos de rendición
en su rostro inocente-
pero no sé mostrarle la puerta de salida
y más que mi felicidad, lo que a él le preocupa
es atisbar en mi cara un rastro de consuelo
que me permita llegar hasta la próxima tregua
cada día me pone café en los labios
para que aguante, y luego una pastilla
que me aplaque los nervios para que descanse y duerma
mientras él sigue haciendo conmigo lo que le viene en gana
(a veces se tumba sobre mí y yo con los ojos abiertos
miro al techo, y si se da cuenta me dice
que ya va siendo hora de pintarlo)
envenena la comida con que me alimenta
me prohíbe fumar mientras engorda mi ansiedad
y me quita los chupetes que podrían consolarme
provoca mi llanto
y después me obliga a maquillar las señales de la tristeza
si me pongo rebelde, ríe paternalista
cuenta que él también pasó por esa época
y mi rebeldía la rebaja a moda
que luce en camisetas los sábados por la mañana
cuando sale a comprar los cruasanes y el periódico
él me da detalle de cada asesinato, de todas las guerras
de las violaciones y los golpes de estado
pero tanta información me deja sorda y ya no escucho
los crujidos ni los llantos en voz baja
las señales del desmoronamiento
y él calla que cada muerto, cada herido
las mujeres violadas y los que sufren torturas
todos recibieron su visita antes de convertirse en lo que son ahora
se zafa de las culpas con promesas
pero yo sé que una palabra suya
bastará para condenarnos
y si desaparece es para espiar a salvo y oculto
en los bares, en los hoteles, en los baños, en las celdas
tengo que darle las gracias porque
¡tú eres una mujer moderna!, grita animoso
de las que habla inglés, trabaja en casa y en la oficina
va al gimnasio y aparenta menos edad de la que dice el dni
tienes nociones de pedagogía aunque apenas veas a tus hijos
y además fuiste bendecida con una vocación
para que puedas sentirte mejor que otras
(y yo callo que yo no quiero ser artista
si eso va a convertirme en diferente
porque ya me siento lo bastante sola
y no quiero competir en más carreras)
si muestro debilidad, susurra, todos querrán aprovecharse
(como si él dejara algo para los otros)
mejor será que despliegue arrogancia
(con todos menos con él)
de todo me habla pero no de quién recogerá los restos del naufragio
ni en qué lugar nos reuniremos los náufragos para organizarnos
para hacer un fuego, compartir la comida y quitarnos el frío
aunque antes hay que hacer acopio de fuerzas
para no abandonarse cada uno en su rincón

Un día, no sé cuándo, yo le voy a cobrar
sus cadáveres, las humillaciones
el secuestro de la inocencia
el expolio de los sueños
yo le voy a cobrar, no sé cuándo
y la primera puñalada que le voy a meter
va a ser por las caricias que no nos dimos
por los polvos que no echamos
tú y yo
cada vez que se cuela en nuestra cama
y nos dice que mañana, mañana, mañana
mañana el despertador sonará a las 6.30
y veinte minutos más de sueño
nos harán mejores soldados a su servicio

Te lo juro, mi amor. Una puñalada
por cada polvo que nos robó
y luego ya el resto, por los presos, por los indigentes
por los que dejan atrás casa y familia
por el dolor que no merecemos sufrir ni ver
por los campos arrasados
por los animales que se hacinan
por los niños que trabajan
por los ojos que se cierran por el cansancio y la muerte
por el tiempo que no volverá
por la vida que nos robaron
por la vida
mi amor
por la vida.

Ana Pérez Cañamares

Lecciones de (macro)economía de andar por casa (o por el mundo con mochila)

Devaluación de la moneda

La cara de Evita no vale nada fuera del país. Dentro, poco, también. 

El cambio oficial está a 0,80 centavos de peso argentino por un peso uruguayo, pero en los bancos y casas de cambio de la República Oriental te dan solo la mitad. El resto se lo roban y, además, agarran los billetes casi con desprecio. Solo les falta escupirlos o limpiarse el culo con ellos. 

Acá all the people se maneja en dólares. $$$

Inflación

Ayer viajé en un tren que hace poco costaba 50 pesos argentinos y hoy cuesta 500. Diez vagones, diez pasajes por el precio de uno.

Desigualdad

Ayer viajé 21h en tren por 500 pesos argentinos. El viernes crucé el Río de la Plata en tan solo 150 minutos, en barco, por 4000. El lumpen cruza La Pampa en el primero. La élite de ambas orillas navega en el segundo. 

Tres lecciones básicas, muy antiguas, del subdesarrollo programado, de la orquestación neoliberal para hundir un país. 

La mayoría de veces, las imponen desde fuera, para presionar al que molesta, hasta extrangularlo si no se marcha antes. La receta triunfó contra Allende y el pueblo de Chile, hoy, vanguardia del capitalismo sudamericano. Sus ríos más hermosos y caudalosos pertenecen desde hace décadas a hidroeléctricas extranjeras, como la española Endesa, pero también a empresas con bandera de naciones más “ecologistas”, de puertas para dentro. Regalos de última hora de un dictador a colonias hipócritas.

Hoy el menú es aún más sofisticado, pero asfixia igual. Venezuela, Argentina… 

A esta última patria la está vendiendo desde dentro el macrismo.

Ayer en el tren, hijo de mil p**** era lo más lindo que le podían decir. Pibes, evangelistas, testigues… todes hermanades contra el diablo. Las clases populares solo desean que vuelva La Vieja, La Señora, Cristina. Yo escuchaba al pueblo y me retorcía en mi asiento. 

Unes se encomiendan a las estrellas del rock o del trap, otres a Cristo, Jehová, les Kirchner, Perón. Y sin embargo, cómo no perder la fe, cómo levantarse cada mañana e ir a la fábrica, a hacer baldosas por 2000 pesos a la semana, como les compañeres de la ceramista Zanon de Newken, bajo gestión obrera. Cómo madrugar cada día para abrir la panadería y hornear el mejor chipá (buñuelo de harina de mandioca y queso) y las mejores mediaslunas rellenas de dulce de leche del planeta, por un sueldo mísero. Cómo seguir sonriéndole a esa vecina que ayer podía comprarte el pan, que ayer lograba juntar esos pesitos, pero hoy se le escurren por un agujerito, o por el socavón del ajuste neoliberal. 

Cómo superar el desánimo, la impotencia de saber que el país ya fue vendido, hace más de 500 años, cuando el capitalismo colonial creó estos estados para saquearlos y seguir perfeccionando el expolio, por los siglos de los siglos, amén. 

Hay quien sobrevive vendiendo lo que puede, pidiendo limosna en el subte con menor o mayor creatividad. Hay quien se organiza y sale a la calle, a impedir que retrocedan los derechos conseguidos, a demandar justicia, a denunciar la corrupción y la impunidad, a apoyar a les trabajadores.  Hay quien crea y saca su arte a la calle, como les artistas del CAMO, Movimiento del Oeste. 

Hay un partido, el PTS, y un Frente de Izquierda y de les Trabajadores, con sus filas llenas de gente honesta, combativa, soñadora. Porque hay que soñar para no sucumbir al desánimo, no arrancarse hasta el último pelo ante los últimos resultados electorales en las regionales del noroeste, supuesto voto útil. Elles constituyen hoy una alternativa al binarismo populista que yo, cada día más anarca, apoyo. Si tuviese papeles acá, les daría mi voto.

Este último fin de semana nos juntamos en Morón, meses después de nuestro primer encuentro, allá por noviembre, al comienzo de mi viaje. 

Jamás olvidaré ese voto de confianza al aceptarme en su columna en la marcha contra el G20, sin conocerme absolutamente de nada. Los mates en el coche de Esteban, preparándonos a “las nuevas” (autodenominación) contra los gases, intercambiando apellidos, números de identidad, activando elles una red para protegerme ante una posible deportación.

Avanzando anudadas de los brazos, logramos vencer el miedo y cantar sobre el macroperativo de la yuta. Me sentí tan respaldada, tan segura, que incluso rompí la columna para ir a comprarme un bocata de salami, no fuesen los ratis a agarrarme con el estómago vacío, livianita como una pluma, como la bandera de Ongi Etorri Errefuxiatuak que ondeaba sobre mis hombros. Además, había que apoyar también a eses trabajadores ambulantes que desafiaron al toque de queda, al estado de sitio, y llenaron las calles siniestramente vacías de capital, del centro de Buenos Aires, con sus puestos de comida. 

Newentu, indarra, en la lucha contra el FMI, en la batalla para que sea ley y otras tantas por librar. 

El subdesarrollo está en las conciencias. La Vieja Europa también se vendió: la salud de sus trabajadores, la educación (benditas las universidades públicas y gratuitas de Argentina y Uruguay, con tantas ramas artísticas, formación profesional…; en España se inflaron las matrículas y apenitas salimos a la calle), las políticas de género, las fronteras, el transporte, la vivienda… 

Nos cagaron por todos lados. Estamos en el horno, rodeades de cegates. Pero ahí seguimos, dándonos la mano en la oscuridad, despertando a les vecines. Abrazos internacionalistas y feministas, solidaridad política transatlántica. 

Gracias por vuestra huella en mi camino.

Alba Algarabia

Córdoba (Argentina), 13.06.2019

Barcelona 1976

El exilio es gastarnos nuestras últimas
cuatro pesetas en un billete de metro para ir
a una entrevista por un empleo que después
no nos darán.

Cristina Peri Rossi

Avanzáis y mi conciencia se estira
hasta ser toda campo de batalla.
Por tierra, mar y calles avanzáis
y sé que no habrá exilio ni tregua
que me libren de este cuerpo a cuerpo.
Sois las decisiones del jarabe amargo
del por tu bien lo hago aunque me duela:
la conquista de las verdes praderas
la ciencia moderna de la tortura
el arte de la violación como arma
la esclavitud de todos los distintos.
Y ahora formáis para el paseíllo
y la foto, escaláis las laderas
de mis lumbares, dejándome la espalda
perdida de estandartes y deshechos.
Yo esgrimo un lirio del valle, el lápiz
que me adorna y ordena las heridas.
Blando un amor que aún sería más grande
si no temiera mirar al matarife
y al cordero. Avanzáis engalanados
con las plumas de firmar sentencias
cheques al portador y nombramientos.
Aprisa reúno mis huestes de niños
bautizados por multinacionales
y me esfuerzo en aprender sus apodos
para ser una más entre los anónimos.
Tengo que perder el miedo a encontrarlos
en un callejón y que me pidan cuentas.
Tengo que enarbolar la rabia rebuscada
en las basuras y saliros al paso
con un ejército de perros rotos.
Estáis aquí, detrás de mis párpados.
Pensáis que me tenéis por fin rodeada.
Pero aquí os traje porque esto es mío.
Mi cuerpo. Mis delirios. Mis fiebres.
Mis abuelos. Mis amantes. Mis hamacas.
Tengo un nosotros que oponeros.
La historia alternativa, la no dicha.
Son otras nuestras sumas y oraciones.
Tenemos portaaviones de papel.
Ardemos como azules zeppelines.
Yo no soy sólo yo. Os he engañado.

Ana Pérez Cañamares

El poema que sigue a continuación pertenece a mi diario íntimo. Creo que me inspiraron Las Patronas…

A Ana Pérez Cañamares

Donald Trump ha llegado
a la Casa Blanca
y las bolsas de valores
mundiales,
en Tokio y en Berlín,
han temblado.

Ha temblado mi cuerpo,
que no cotiza en Bolsa
pero ingiere cada día
alimentos que cotizaron en Bolsa
antes incluso de ser sembrados.

Habrán temblado también
los cuerpos de los negros a los que menosprecia.
Deberían haber temblado también
los cuerpos de las mujeres de las que abusa;
también los de los pobres
que seguirán durmiendo en caravanas
y muriendo sin asistencia médica
y por último,
temblarán los migrantes
que a bordo de La Bestia
solo desean trabajar como bestias
para construir ese país de bestias
hasta convertirse en una bestia más
que dará su voto a bestias como Trump.

Alba Algarabia

Bilbo, 10.11.2016

Ilustración de Virginia Pedrero Boceta

Trabajadora de la limpieza

Son basuras fáciles de limpiar en las que, incluso, se puede curiosear sin miedo a mancharte las manos. Papeles. Botellas de plástico. Algún chicle si acaso. Le pagan siempre a tiempo pero poco. Demasiado poco. En realidad sin ella (sin ellas) esas oficinas no podrían funcionar. No se puede trabajar en un lugar sucio en que se acumula el polvo y basura (por más que no huela). Ella es imprescindible para que la empresa funcione. Su trabajo es imprescindible. Pero nadie la ve, ni a ella ni a su trabajo. Es invisible.

María González Reyes

Divisa

A l’atzar agraeixo tres dons: haver nascut dona,
de classe baixa i nació oprimida.

I el tèrbol atzur de ser tres voltes rebel.

Al azar agradezco tres dones: haber nacido mujer,
de clase baja y nación oprimida.
Y el turbio azul de ser por tres veces rebelde.

Maria-Mercè Marçal

Rentabilidad

Dícese de la capacidad de extraer dos relatos y tres poemas eróticos de un solo polvo.

Alba Algarabia

Bakio, 15.12.2019

Pinchar en la imagen para ir a iVoox y poder escuchar este maravilloso programa que me ha emocionado hoy mientras rellenaba las juntas de los azulejos de la ducha. Sí, yo también me he resignado a mantener la cuarentena y hacer de ella algo productivo. Llevaba días enrabietada, llamando a la desobediencia, pero he escuchado a la enfermera que abre el programa y he roto a llorar. He llorado porque al fin me he creído que el virus es muy real, tan real como la crisis económica y social que se está gestando. Por eso, sí, mejor descansar ahora, porque va a haber que arrimar mucho el hombro después. Como Javier Gallego “Crudo”, espero que los buenos gestos de estos días, las vecinas que charlan desde sus balcones. los músicos que ofrecen conciertos desde sus ventanas…. no desaparezcan con el virus, porque, lamentablemente, habrá que ofrecerle un plato de comida a más de una vecina que se quede sin trabajo, organizar ollas populares… y llenar las calles, ahora desiertas. Mientras dure esta calma chicha, aquí mi pequeño homenaje a todas las personas currelas que están en la línea del frente. Sí, joder, yo también he caído en la terminología militar, pero es que esto es una guerra, la última guerra del capital. Feliz día de la Poesía (eskerrik asko, aita), “la convalecencia / a la que apostamos la salud” (Ana Pérez Cañamares). En esta antología de poetas anticapitalistas, entre las que me incluyo pretenciosamente, os encontraréis todas: las enfermeras, las que cuidan de los mayores, las cajeras del super, las limpiadoras… Es para vosotras. Un abrazo. Cuídense mucho.

Desobediencia

Os cuento que este cerebrito me lo he encontrado estos días caminando por el bosque… No necesito desobedecer… El sendero que bordea los acantilados empieza literalmente en la puerta de mi casa… y aún no me han precintado la entrada… como han hecho con los parques… y las plazas… y los bancos para sentarse… Os cuento también que hoy huele mucho a mar… Y que en pocos días comenzará la primavera… Bueno, ya hace tiempo que llegó… Mis pies descalzos acarician el pasto mientras os escribo… me caen pétalos del melocotonero… y las mariposas juegan en el aire… Aunque la tierra agradezca esta calma chicha, no nos perdonará que no honremos sus ciclos… ¿Que no podemos? No nos dejan, que es muy diferente… Antes de que se sequen nuestros cerebritos, como el de este hongo, abramos los ojos… Si no se animan a desobedecer al RD, al menos, desobedezcan las convenciones sociales y hagan topless… o el amor… en sus balcones… mientras no nos los precinten… por el chivatazo de un vecino amargado… hasta nueva orden. Alba Algarabia. 19.03.20
La cita la he extraído de la charla “Coronavirus, el virus del miedo”, organizada por el ayuntamiento de Zuia (Araba), el 10 de marzo de 2020. Mati fue visionaria, pero la velocidad de los acontecimientos se ha precipitado aún más. Tan solo nueve días. Mucho más rápido que la primavera…
Para vos, @susyshock, porque si hasta los besos heteros ahora son delito, ay mamita… Pero con tu poema “El beso” nos enseñaste que no hay nada más hermoso que desobedecer con ternura y rabia, a partes iguales.

Unas gotitas de bromuro

Podcast de mi primer cuento en Fika (octubre de 2014). Texto disponible a continuación.

Lo confieso: yo he matado al periquito. Reconozco que es un acto sumamente cruel, pero te confesaré por qué lo he hecho.

A estas alturas ya te habrás dado cuenta también de que he vaciado el contenido de los cajones y puertas del armario empotrado que me correspondían. He aprovechado que echabas horas extra en tu oficina de la planta 33, como tantas otras veces.

Tras esta constatación ―o revelación―, imagino que poco te importa ya la muerte ―o asesinato― del dichoso periquito. Sin embargo, quiero que entiendas por qué lo he matado y, ya de paso, por qué te he abandonado.

Recordando a Cortázar, al que he leído muchas veces en esa cama que hasta ayer compartías conmigo, esperando inútilmente aguantar despierta hasta que llegaras a casa del trabajo, cuando te regalé el periquito, te regalé la necesidad de escucharlo trinar cada mañana, de limpiarle la jaula ―espacio en el que el carcelero liberaba al ave. Ahora recuerdo los ojos del animal cuando debía volver a la jaula… salvando las distancias, parecidos a los míos cuando tomaba el ascensor hasta la que a partir de hoy será solo tu casa. Yo me autoregalé la necesidad de oír su gorjeo feliz en mi propia jaula. Con su muerte, te libero de la necesidad de recordarme.

Decidí regalarte el periquito, lo recordarás aún, un día en el que viniste inspirado del trabajo y me contaste que echabas de menos el canto de los pájaros: no llegaba hasta tu oficina en la planta 33 ni se oía en el monótono recorrido del garaje al portal, por una larga calle desierta de árboles.

En lugar de matarlo, podría haberlo liberado: abrir la puertecilla de la jaula e invitarlo a escaparse por el balcón. Supongo que me dio miedo que intentases imitarlo lanzándote desde la ventana de tu oficina en la planta 33.

Espero no darte ideas. En todo caso, que mates, a tu vez, el espacio que yo ocupaba en tu vida. ¿Cómo? No puedo ayudarte con eso. Ya he hecho bastante: te he liberado del periquito cantarín que se envenenaba con mi infelicidad en cada bocanada de aire.

Alba Algarabia

Bilbao, octubre de 2014

Psicosis

@kilimarkilimar y a R.

Si el coronavirus finalmente nos encierra en casa, que sea para invertir en el amor. Un estado de sitio repleto de besos, caricias, susurros, orgasmos… comidas creativas y apocalípticas, con lo que vaya quedando en el frigo…

Una vez pasada la paranoia (para mutar en otro cuerpo desinformativo), que nadie me pida devolverle ese tiempo de oro al capital, porque entonces, sí, me declaro en cuarentena.

Alba Algarabia
Bilbao, 10 de marzo de 2020

Foto propia en una cabaña de La Serena (La Paloma, Uruguay). Abril de 2019